martes, 16 de septiembre de 2008

Presentación


Creo que no hay mejor forma de presentarse, cuando tus propios escritos hablan por sí solos, aún así me gustaría contarles un poquito acerca de mi.
He creado este blog porque encontré aquí un medio para expresarme, decir lo que siento y lo que pienso, cómo veo el mundo, a la humanidad, a nosotros mismos, a mi misma... encontré aquí el medio para desplegar mis alas, que por tanto tiempo por distintas circunstancias se han mantenido cerradas, y espero, sinceramente que en el transcurso del tiempo pueda aprender a volar.
Aquí encontré un espacio que no me limitaba ni por títulos, conocimientos específicos, ni por una edad determinada, sólo por mis propios deseos que brotan como en un géiser acumulados a presión.
Por último tal vez deba contarles por qué me llamo la niña de alas grandes... utilizo este seudónimo desde un largo tiempo atrás, simplemente, porque siempre he podido volar, y llegar a los lugares más inalcanzables por el sólo uso de la imaginación, porque cuando eres niño y tienes alas, aunque seas niño... nada es imposible...



Ahora les comparto un poema, espero que les guste...

No Nata

Sueña, niña, sueña
con tus luces de colores.
Toca, niña, toca
la calidez de vivir.

Pobre, niña, pobre,
ya dejaste de sentir,
pobre, niña, pobre
que no puedes sonreír.

Vuela, niña, vuela
lejos de este mundo oscuro,
vuela, niña, vuela
lejos de este monstruo turbio.

Porque este mundo ya ha callado,
porque este mundo no ha llorado.


viernes, 29 de agosto de 2008

Cuarto televisivo






¿Por qué lloras? No se, la gente siempre llora en las novelas, es algo normal ¿no? Tal vez, ¿y qué ha sucedido que te hace llorar? ¡Lo han matado! Un accidente automovilístico, sabes, son muy frecuentes aquí, y pobrecito... ¡Me lo han matado!
Se pasea por la habitación, está un poco oscura, la esquina detrás del televisor apenas se distingue, sólo gracias a los destellos de colores, a imágenes dramáticas y artificiales que se desprenden de la caja vieja y pesada que está ubicada en el centro. Se queda quieto.

¿Hace cuánto que estás aquí? Siempre estuve aquí, ¿no me ves? ¿Así, encerrado? Si, justo aquí encerrado, ¿y no te aburres? No, ya estoy acostumbrado.

Se oye el sonido de un botón, el murmullo de un roce, alguien se acomoda, el ambiente se siente más apesadumbrado, de repente más denso, algo se mueve, la respiración se corta, se entumecen los brazos, no se puede mover...


Entonces grita.


¿Por qué gritas? No se, la gente siempre grita en las películas terror, es algo normal ¿no? Eso creo, ¿ y qué ha sucedido que te hace gritar? ¡Lo ha atrapado! Y se la lleva... ¡Vaya a saber que es lo que lo que va a hacerle! Es otro de esos asesinos en serie... son muy frecuentes, aquí muy frecuentes...

Otra vez pasos, nerviosismo. Se tropieza con la pata de un sillón viejo y macizo, salta en un pie abriendo la boca, gesticulando exageradamente, pero sin atreverse a emitir sonido alguno.

¡No hay que hacer ruido! No, no hay que hacer ruido para que la puerta no se abra. la luz no se encienda, y los pasos no entren. Tienes razón, no hay que hacer ruido, por la puerta, por la luz, por los pasos, tienes razón, no hay que hacer ruido. Siéntate entonces.

Se sienta, en el mismo sillón que antes había sido la causa de su dolor, y otra vez el control, otro canal, otras imágenes, otros destellos y sonidos en la habitación aún en penumbras.


Entonces la carcajada.


¿Por qué ríes ahora? No se, la gente siempre ríe en las comedias, es algo normal ¿no? Supongo que si, ¿y qué ha sucedido que te hace reír? Se cayó mientras yo seguía caminando, se cayó muy gracioso, ¿no lo viste? Iba precisamente junto a mi... es muy común, ¿sabes? Que a la gente le pasen cosas ridículas aquí, es muy común, muy común.

Nuevamente se pone de pie, se dirige a a puerta, a la temible puerta, apoya su oreja izquierda con suma precaución, y por unos instantes intenta escuchar al mundo que se encuentra del otro lado, intenta escuchar tratando de aislar todo sonido procedente de la habitación, intenta escuchar con atención.

¡Cállate! No puedo escuchar. Mejor que te quedes quieto, mejor que no te pares, mejor que te alejes de esa puerta ¡Cállate! No puedo escuchar.

Se oyen voces al otro lado, se sobresalta y se apresura a volver a su lugar, algo asustado se acurruca en el sillón. Nada pasa... más relajado se estira.

¿Hasta cuando te quedarás aquí? No se, no depende de mi, si ya se, depende de la puerta, de los pasos, de la luz... ¿y qué hay allá afuera? Afuera no hay noticias estremecedoras, con las escenas que lo muestran todo, ni llantos dramáticos, ni tampoco los gritos, ni las risas, ni los golpes, ni todas esas historias fascinantes, afuera está la luz, y las personas distintas a mí, parecidas a las que vemos todo el tiempo, sólo que diferentes, y en eso sí se parecen a mí, porque si lastiman puedes tocar sus llagas, si lloran te humedecen sus lágrimas, te aturden sus risas, el miedo es tan real que te estremece desde adentro, y se te pone la piel de gallina, cuando logras sonreír, te invade un cosquilleo en el estómago, y los incendios, si estás cerca, te quemas, cuando las personas te tocan, lo sientes... si te pegan, te duele... sobre todo hablan, hablan mucho, hablan de todo... la gente allá se ocupa de todas las cosas, de comer y respirar por ellas mismas...

Eso debe ser hermoso...

En realidad no lo es, da un poco de miedo allá afuera, todo pasa parecido acá, pero de verdad, y puedes sentirlo, y a veces no te das cuenta... pero nada se puede evitar con apretar un botón, no se puede escapar.

Se oyen pasos, la puerta se ha abierto, la luz se ha encendido, hay una figura en el hueco del umbral, está molesta, y le dice algo pero él no escucha, está encogido, encogido en el sillón, cubriéndose la cara con la manga del pijama. Ella se enoja más, desenchufa el televisor y lo mira severamente.

-¡No!- le grita a la figura- !Lo has matado!

-¡Otra vez aquí!- grita ella al mismo tiempo- ¡No te quiero cerca del televisor!- con una mano fuerte lo toma del brazo y lo arrastra fuera de la habitación, que nuevamente queda en penumbras, se lo lleva, mientras él llora, lo arrastra, mientras se moja, mientras le duele, mientras, otra vez, siente.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Empezar a sentir

Comenzamos a sentir, apenas en el útero materno, y los sentidos se multiplican en cuánto salimos de él y nos enfrentamos al mundo.
Y entonces crecemos, de la mano de las sensaciones, pero en algún momento lo perdemos, y olvidamos esta maravilla de lo que es sentir verdaderamente, e intentamos encontrar el sentimiento forzando situaciones, comprometiéndonos en ficciones que nos causan dolores, placeres y alegrías efímeras, sensaciones que nos desbordan, nos marean y confunden como en una montaña rusa, y al igual que en la misma, terminan antes de que podamos comprender lo que nos sucedió.
Hemos olvidado sentir, olvidando que si nos pinchamos nos duele, que una lágrima sólo moja una línea en nuestro rostro, pero que pesa como cemento por dentro. Si nos gritan nos estremecemos, y si gritamos nos hacemos más pequeños.
El mismo sonido de la lluvia nos representa un problema, una incomodidad, hemos olvidado su música, el suave aroma que la predice, la forma en que el cielo se cae a la tierra, mojando todo lo que es parte de la vida.
En un mundo de imágenes, hemos olvidado mirar. Hemos olvidado cómo se desprende una hoja de la rama más alta a mitad del otoño, la forma en que nos acompaña su crujiente cantar al caminar. Ya no percibimos la facilidad con la que se desprende la sonrisa de un niño, o encontrar una flor en medio de un descampado, cómo explotan las burbujas de jabón en el aire, ni el brillo de una tormenta eléctrica en medio de la oscuridad.
El olor de la tierra, del aire frío en la mañana, las estrellas, el sonido de una risa inocente, la mirada más allá de las palabras... el sabor del agua uando estamos demasido sedientos, el sudor salado después del esfuerzo.
Nos estamos perdiendo a nosotros mismos, en un laberinto de sensaciones superficiales, nos estamos olvidando, olvidando el valor del tiempo que corre rápido y no nos espera, olvidando lo que significa sentir, sentir realmente... Y sin sentir la vida se convierte en un vacío absurdo que en vano intentamos justificar en la alimentación de un ego inacabable...
Por lo tanto, por favor... ahora... recordemos vivir sintiendo.