viernes, 29 de agosto de 2008

Cuarto televisivo






¿Por qué lloras? No se, la gente siempre llora en las novelas, es algo normal ¿no? Tal vez, ¿y qué ha sucedido que te hace llorar? ¡Lo han matado! Un accidente automovilístico, sabes, son muy frecuentes aquí, y pobrecito... ¡Me lo han matado!
Se pasea por la habitación, está un poco oscura, la esquina detrás del televisor apenas se distingue, sólo gracias a los destellos de colores, a imágenes dramáticas y artificiales que se desprenden de la caja vieja y pesada que está ubicada en el centro. Se queda quieto.

¿Hace cuánto que estás aquí? Siempre estuve aquí, ¿no me ves? ¿Así, encerrado? Si, justo aquí encerrado, ¿y no te aburres? No, ya estoy acostumbrado.

Se oye el sonido de un botón, el murmullo de un roce, alguien se acomoda, el ambiente se siente más apesadumbrado, de repente más denso, algo se mueve, la respiración se corta, se entumecen los brazos, no se puede mover...


Entonces grita.


¿Por qué gritas? No se, la gente siempre grita en las películas terror, es algo normal ¿no? Eso creo, ¿ y qué ha sucedido que te hace gritar? ¡Lo ha atrapado! Y se la lleva... ¡Vaya a saber que es lo que lo que va a hacerle! Es otro de esos asesinos en serie... son muy frecuentes, aquí muy frecuentes...

Otra vez pasos, nerviosismo. Se tropieza con la pata de un sillón viejo y macizo, salta en un pie abriendo la boca, gesticulando exageradamente, pero sin atreverse a emitir sonido alguno.

¡No hay que hacer ruido! No, no hay que hacer ruido para que la puerta no se abra. la luz no se encienda, y los pasos no entren. Tienes razón, no hay que hacer ruido, por la puerta, por la luz, por los pasos, tienes razón, no hay que hacer ruido. Siéntate entonces.

Se sienta, en el mismo sillón que antes había sido la causa de su dolor, y otra vez el control, otro canal, otras imágenes, otros destellos y sonidos en la habitación aún en penumbras.


Entonces la carcajada.


¿Por qué ríes ahora? No se, la gente siempre ríe en las comedias, es algo normal ¿no? Supongo que si, ¿y qué ha sucedido que te hace reír? Se cayó mientras yo seguía caminando, se cayó muy gracioso, ¿no lo viste? Iba precisamente junto a mi... es muy común, ¿sabes? Que a la gente le pasen cosas ridículas aquí, es muy común, muy común.

Nuevamente se pone de pie, se dirige a a puerta, a la temible puerta, apoya su oreja izquierda con suma precaución, y por unos instantes intenta escuchar al mundo que se encuentra del otro lado, intenta escuchar tratando de aislar todo sonido procedente de la habitación, intenta escuchar con atención.

¡Cállate! No puedo escuchar. Mejor que te quedes quieto, mejor que no te pares, mejor que te alejes de esa puerta ¡Cállate! No puedo escuchar.

Se oyen voces al otro lado, se sobresalta y se apresura a volver a su lugar, algo asustado se acurruca en el sillón. Nada pasa... más relajado se estira.

¿Hasta cuando te quedarás aquí? No se, no depende de mi, si ya se, depende de la puerta, de los pasos, de la luz... ¿y qué hay allá afuera? Afuera no hay noticias estremecedoras, con las escenas que lo muestran todo, ni llantos dramáticos, ni tampoco los gritos, ni las risas, ni los golpes, ni todas esas historias fascinantes, afuera está la luz, y las personas distintas a mí, parecidas a las que vemos todo el tiempo, sólo que diferentes, y en eso sí se parecen a mí, porque si lastiman puedes tocar sus llagas, si lloran te humedecen sus lágrimas, te aturden sus risas, el miedo es tan real que te estremece desde adentro, y se te pone la piel de gallina, cuando logras sonreír, te invade un cosquilleo en el estómago, y los incendios, si estás cerca, te quemas, cuando las personas te tocan, lo sientes... si te pegan, te duele... sobre todo hablan, hablan mucho, hablan de todo... la gente allá se ocupa de todas las cosas, de comer y respirar por ellas mismas...

Eso debe ser hermoso...

En realidad no lo es, da un poco de miedo allá afuera, todo pasa parecido acá, pero de verdad, y puedes sentirlo, y a veces no te das cuenta... pero nada se puede evitar con apretar un botón, no se puede escapar.

Se oyen pasos, la puerta se ha abierto, la luz se ha encendido, hay una figura en el hueco del umbral, está molesta, y le dice algo pero él no escucha, está encogido, encogido en el sillón, cubriéndose la cara con la manga del pijama. Ella se enoja más, desenchufa el televisor y lo mira severamente.

-¡No!- le grita a la figura- !Lo has matado!

-¡Otra vez aquí!- grita ella al mismo tiempo- ¡No te quiero cerca del televisor!- con una mano fuerte lo toma del brazo y lo arrastra fuera de la habitación, que nuevamente queda en penumbras, se lo lleva, mientras él llora, lo arrastra, mientras se moja, mientras le duele, mientras, otra vez, siente.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenasss!!!como va? Me encanto lo que escribiste, esta muuy bueno.Te lo dije muchas veces pero te lo vuelvo a repetir.... Tenes un futuro por delante! Segui escribiendo asi porque vas a llegar muy lejos.

TE QUIERO MUCHO!!

Patito

Olivia dijo...

Acabo de encontrar tu blog!Me gusta como escribes!Te volvere a visitar.
Un saludo